16 noviembre 2009

Mi abuela Antonia

Casi lo único malo que tiene tener el mismo móvil desde hace 6 años es que te siguen llegando recordatorios de cumpleaños de gente que ya no está.
El sábado por la mañana sonó la alarma, encendí el móvil, y allí, en la pantalla, parpadeando, ponía "Abuela 92". El sábado mi abuela Antonia hubiera cumplido 92 años. Y no es que yo no sepa perfectamente que el cumpleaños de mi abuela es el 14 de Noviembre. Siempre estuve muy orgullosa de que cumpliéramos años el mismo mes, como si eso significara algo. Pero a esas horas de la mañana aún no era consciente de que era 14 de Noviembre, y el mensaje me pilló completamente desprevenida.

Cuando mi abuela murió, en 2005, yo estaba en Hamburgo. Mis padres me habían dicho que mi abuela estaba muy enferma y que se iban a Jaén a verla, que estba en el hospital. Yo estaba en clase de Biodiversidad, escuchando a unos compañeros exponer su trabajo sobre los lemures en Madagascar. Pendiente del (mismo) móvil. Muy nerviosa, sabiendo que algo no andaba bien. La clase terminó y el teléfono sonó. Era mi padre, que, con la voz rota, me dijo: "la abuela ha muerto". Me quedé sin habla y sentí un vacío en la boca del estómago. Empecé a derramar unas lágrimas silenciosas que nadie notó, o nadie quiso notar (los alemanes, afortunadamente, son muy discretos). Cogí mis cosas y me fui a casa. Nunca pensé que superar aquella muerte estando sola en un país extranjero se iba a convertir en una horrible costumbre. Tampoco pensé en aquel momento que llegaría un día en que me "acostumbraría" a ese sentimiento de impotencia, junto al de energía inacabable que parece querer rebosar tu cuerpo y romperlo todo alrededor.
Cuando volví a Sevilla unos meses después, acabado mi año de Erasmus, mi padre me contó que a mi abuela, de haber podido ir a la Universidad, le hubiera gustado ser científica.
Yo, por mi parte, ya hace tiempo que dejé de preguntarme qué tiene que ver eso con que yo lo sea.

04 noviembre 2009

Modo abrazador ON

Hoy estoy en modo "abrazador", lo que en mi diccionario particular significa que me gustaría estar cerca de los que más quiero: mis amigos de Sevilla, mis padres, mi hermana, mi familia... y abrazarles mucho, y acurrucarme junto a ellos y volver a sentir que todo va a ir bien.

Ayer asistí a una charla que dio Karla, una de las jefas de grupo del instituto, titulada "Career Development". La charla formaba parte de la serie de seminarios que los estudiantes de doctorado de primer año reciben dentro del llamado "PhD Course". En mi año esta charla no la hubo, y me ha parecido una muy buena idea incluirla. No sé si en mi primer año me hubiera servido de mucho, pero ahora, desde luego que lo ha hecho. Y aunque me recordó muchas cosas que ya sabía (had them in the back of my head, no sé cómo traducir esto y no lo voy a buscar), me ha hecho volver a tenerlas muy presentes.
Salí del auditorio, sin embargo, con la sensación de ir tarde en todos los aspectos de mi vida. No tengo un paper a la vista, no tengo visos de empezar a escribir la tesis pronto, no tengo ni la más remota idea de qué hacer con mi vida cuando acabe el doctorado, no sé ni siquiera dónde quiero vivir, no tengo una pareja, ni siquiera un proyecto de pareja, y no me siento lo motivada que debería sentirme en esta etapa de mi vida. Normalmente, ahora vendría un párrafo resumible en "pero bueno, no está todo tan mal". Hoy, no.
Hoy me apetece quejarme de mi vida. Ya estoy harta de que todo el mundo me diga que hay otros que están peor, que podría ser peor, que no tengo de qué quejarme. Sí, joder, sí tengo de qué quejarme, y hoy me apetece.

Me apetece quejarme de que por las mañanas me tengo que beber el café sola, sentada a mi mesa y leyendo mi libro, en vez de hacer lo mismo con una persona a mi lado. Me quejo por tener siempre la sensación de ir a remolque de mis amigos y de mis colegas. Me quejo porque querría ser más lista, y hacer mejores experimentos y aprovechar mejor mi tiempo. Me quejo porque todos los hombres que conozco y me empiezan a gustar acaban siendo unos raros. Me apetece quejarme también porque no tengo ni puta idea de qué quiero hacer con mi vida, y eso me agobia. Me agobia y me oprime. Me quejo porque voy tarde para todo. Porque hoy me he oído a mí misma decir que quiero formar una familia YA, y porque quiero dejar la Ciencia y mandarlo todo a tomar por saco.
Y por todo eso, me gustaría estar en casa de mis padres, acurrucada junto a ellos en la mesa camilla y teniendo la sensación de que todo va a ir bien, y de que no hay nada de lo que preocuparse.

02 noviembre 2009

When your mind's made up

Últimamente he tenido varias oportunidades de experimentar de nuevo esa dualidad cabeza-corazón que durante tanto tiempo ha traído de cabeza a tanta gente. Yo ni siquiera me había dado cuenta de que ése era el "problema". Es decir, notaba que algo no iba bien, que había una incoherencia en todo lo que experimentaba, pero sólo me di cuenta de que mi cabeza iba por un camino distinto a mi corazón cuando escuché a Glen Hansard ponerle palabras.
Hoy, mi amigo Fran le ha puesto una imagen, que ya se dice que vale más que mil palabras.
No es ni siquiera un asunto de amor. No es ni tan siquiera un asunto de rechazo. Últimamente, ya digo, todo lo que hago (el trabajo, las amistades, mi vida social) parece tener dos vertientes. Y ya casi llego a pensar que no es simplemente que el corazón y la cabeza vayan por caminos distintos, sino que soy dos "yos" distintas. Una, la Elena que siempre he sido, y otra, la Elena en la que me he convertido en estos últimos años. Una y otra tienen sus cosas buenas y sus cosas regulares. Yo no quiero una Elena con sólo cosas buenas. Primero, es imposible; segundo, sería aburrido. Pero en estas últimas semanas me he dado cuenta de que la antigua es más "hearty" y la nueva es más "heady". Y no sé cuál me gusta más.
A lo mejor es que hoy está lloviendo. A lo mejor es que llevo toda la semana pasada oyendo Strict Joy, con cosas como esta, pero en directo. A lo mejor es que sigo sin entender a los hombres alemanes. A lo mejor es que me estoy haciendo "menos joven". A lo mejor... es que hoy está lloviendo.

26 octubre 2009

Un fin de semana cualquiera en Dresden

El viernes por la tarde acabé de convencer a los que me quedaban del equipo de frisbee para ir en Diciembre a la III Edición de Chiripones, el torneo de beach ultimate frisbee que se celebra en Punta Umbría. Allí que estaré en el puente de la Inmaculada con cuatro chicos de los más graciosos que se dan por estos lares. El viaje promete, y mucho. Qué ganas.
Luego Abi me invitó espontáneamente a unirme a cenar en Villandry, y me comí un rape delicioso, seguido, cómo no, de la única e inigualable crème brûlée de la casa.
El sábado por la mañana desayuné en skype con mi hermana, que estaba de cumpleaños. Luego trabajé un par de horas, y cuando acabé en el lab estuve paseando por el centro. Ya huele a Navidad en Dresden. Por la noche vi "Das weisse Band", la última de Michael Haneke, que resultó ser de una belleza absoluta.
El domingo me regalaron una hora más de sueño, luego fui a trabajar otro par de horitas y luego tuvimos una sesión genial de frisbee, un poco pasada por agua al principio pero muy divertida después. Vinieron también Nadine, TWP y Christian, tres de los Deckels y, como siempre, nos hicieron sudar. Además de mejorar en frisbee, parece que estamos consiguiendo establecer como norma el hablar sólo en alemán durante todo el juego y la subsecuente cerveza. Nos pegamos, como siempre, unas cuantas risas y luego a casa, duchita, pijama y mantita en el sofá.
Sé que me repito mucho, pero no hacer nada "especial" en el fin de semana hace que sea de lo más especial.
Quizá haya ayudado el hecho de haberme despertado estos días feliz por ningún motivo y por todos a la vez.

22 octubre 2009

La trama cinturón

Viendo que se me están empezando a caer los pantalones, he ido hoy al workshop de mi instituto con el cinturón en la mano y les he pedido, ya que allí tienen la herramienta necesaria, que me hicieran un nuevo agujero en mi Gürtel*...

Qué pena que el hombre no estuviera al día en política española, en cuyo caso hubiera entendido la sutil ironía que mi petición llevaba implícita. Y nos hubiéramos pegado unas risas, qué coño.



*Cinturón, correa.